08 diciembre 2008

El Callejón de San Jorge

Siempre era paso obligado el callejón de San Jorge; pequeño espacio donde lo clásico de los botes de basura y los rincones para borrachos son guaridas ideales para cuidarse de lo inclemente del tiempo, de las miradas de la gente o tal vez de algunos amantes intempestuosos que, bajo los lentes de los curiosos policías,bien pudieran guarecerse entre los oscuros rincones y humeantes salidas de vapor.
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Ese callejón, cuando era pequeño me encantaba; todos los niños de ese tiempo podíamos estar ahí sin que nadie nos molestara, nuestras madres sabían que, desde lo alto de los ventanales, podían mirar bien a bien a quienes iban a jugar como un patio de recreo...había niñas pintando con gises el piso, dejando un arcoiris lleno de caritas sonrientes, saltabamos la cuerda y era el campeón de la velocidad...a veces construíamos con cartón unas casitas simuladas, donde, a cambio de galletas, cualquiera podía integrarse a permanecer bajo la caja desarmada, imaginando castillos, ventanas, grandes escaleras...
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Cada parte de ese callejón parecía ser un umbral mágico, donde por acto de imaginación lograbamos sentirnos grandes, espaciosos. ¡Una pelota!, bastaba ser pequeña para darnos vuelo entre las esquinas, correr, gritar y escondernos bajo las escaleras cuando salía Don Toño... Un viejo gordo y pelón que tenía a un lado de la calle una gran lavandería, por el callejón tenía su puerta de emergencia y era peligroso atreverse a tocar o rozar ese lugar. La pelota siempre, por sentido de imantación, se iba hacia aquella puerta que, a tono de gol, sonaba de manera estruendosa provocando ojos enormes, sustos, escondites y uno que otro chamaco con sentido de acuse informativo que daba detalle a Don Toño, a santo y seña cómo había, quién había y porqué había pegado a su puerta.
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A veces, cuando llovía, los charcos y las ranas parecían florecer de la nada... estrategia preferida para colocarlas en la espalga de Margarita y Teresita... niñas gritonas que ejercían el pulmón a base de llanto... ¡qué calamidad!... malo era que sus madres se enteraran de lo ocurrido porque de forma inmediata las nuestras nos metían al hogar con palos y jalones de orejas.
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Ahí tuve a mi mejor amigo, que el tiempo y nuestro crecimiento nos hizo perdedizos, luego alguien me besó por primera vez en la esquina cuatro, después aprendí a fumar entre la cornisa que divisaba a la ventana de la recámara de mi madre y la puerta de la vecina acusona...
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La viudez de mi madre nos mudó de los recuerdos, nos cambió a nuevos aires, olvidando detalles y sentires que casi dejaba en mi archivo mental muerto. Hoy miro el Callejón de San Jorge de manera distinta... Ya no hay lucesitas, ya no hay chiquillos por ahi, ni siquiera un gato difuso que pudiera husmear de entre la basura...
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El tiempo nos cambia y a los lugares también... tal vez pase y me pare un momento, procurando que no me afecte el olor de basura putrefacta... desearía ver si aún están mis iniciales grabadas en el viejo tabique de la cuevita y recordar cuando las grabé aquella ocasión que metí tres goles en la puerta de Don Toño...

10 comentarios:

ShAdOw dijo...

NO ES FLOJERA DRA. ES FALTA DE MUSO PARA LA INSPIRACION JAJAJA.. NO, NO ES CIERTO, ES QUE ESTA SEMANA ESCRIBI EN EL OTRO BLOG ;O) Y BUENO, A VECES EL DIA ES MUY LARGO EN LA OFICINA Y NO DA TIEMPO DE NADA, PERO YA PRONTO

ABRAZOS FUERTES!!

ShAdOw dijo...

Siempre tus relatos me hacen recordar los mios..

Gracias!!!

ĭçoŋoçlast@.·´¯`·.¸ dijo...

tal vez los lugares crecen, envejecen y mueren como los seres humanos que los habitaron.

Real-X dijo...

muy buen vieja en las aguas de los recuerdos, creo que todos hemos tenido un lugar así

saludos

Mi verdadero YO dijo...

Los lugares, al igual que nosotros, se transforman al paso del tiempo, pero, casi siempre, aun conservan su esencia, escondida pero ahi esta, solo es cuestion de saberla encontrar.
Me gusto mucho su relato.
Saludos.

george dijo...

Me encanta tu arte de contar esta historia, es como un cuadro pintado con palabras. Veo las niñas en su paraíso, con un malo y un príncipe, que las hace soñar de la vida que viene.

Un abrazo para la niña, ya grande.

Dubois dijo...

Me has hecho retroraer en el tiempo a mi también, imaginando mis callejones

Nash dijo...

Ah! La nostalgia de la niñez. Hay veces que paso por aquel viejo departamento, cerca del metro normal, y no puedo evitar recordar nostálgico los primeros 12 años de mi infancia, tan alejada de la vorágine que se vive ahora.

Saludos!
Nash

Edmundo Dantés dijo...

Un relato magistral. Todo un viaje, que nos deja con ganas de saber mas. Genial escrito, de verdad. Saludos!!

fgiucich dijo...

Recuerdos imborrables que nos llevan a disfrutar de una suave melancolía. Hermoso. Abrazos.