04 mayo 2011

El muchacho

El era todo lo que uno pudiera asociar a la palabra solitario, aunado a su carácter antisocial pocos se atrevían realmente a iniciar una charla que durara más allá de dos o tres diálogos escuetos.
Su sentir era, por el contrario, parte de algo que vivía día a día como un constante renacer; Yo hubiera podido describirlo como un bosque plagado de laberintos donde él sabía cómo caminar y hacia dónde dirigirse.
Mantenía una estructura, casi perfecta tanto en lo que sentía, como en lo que imaginaba, tanto que en muchas ocasiones no hubiera dudado que se perdía el límite de uno con el otro.
¿Cómo me dí cuenta?
Como su sicòloga, uno puede accesar a rincones en los que no todos podrìamos permanecer para saber de lo que uno padece, de ser asì ningùn ser humano confiarìa en otro por notar esos "oscuros matices" que salen pocas veces como banderolas delineadoras.
Constantemente huìa de su realidad para marchar entre desangres de venas a otra, una donde al parecer un placer diferente al que conocemos, lo transportaba a la dimensiòn en la que El se sentìa còmodo.
Y fue en uno de esos eventos en los que sencillamente dejè de ver con el cerebro para observar con el corazòn.
Esa tarde cantaba, algo murmurante, poco conocido, pero de una tonada tal que invadìa todo su ser. No se sentìa observado en la habitaciòn donde se le habìa colocado. El ni siquiera se inmutaba por ello...
Y comenzò su ritual, hablando de manera cariñosa, sutil, tierna, como en pocos pacientes he visto.
El me decìa que no era imposible ver un àngel y que su àngel era una mujer.
Ya de noche no es fàcil que el mèdico de guardia atienda a dos o tres pacientes en estados crìticos, asì que me dediquè a estar sentada en su camastro viendo sus movimientos y lo que me explicaba...
Me invitò a fisurarme ligeramente la muñeca, cosa que neguè por supuesto, y el, en su ya avanzado delirio, pedìa que lo hiciera simbòlicamente o de lo contrario no podrìa tener compañìa, su propia compañìa.
¿Un amigo imaginario, acaso?
Tras muchas insistencias y por seguir en su trance fingì un corte delgado y en ese momento mis ojos comenzaron a percibir colores diversos y la mùsica en aumento. 
Ahora sì entendìa sus letras, sus ritmos, su pegajosa cadencia...
No me explicaba lo que sucedìa pero salirme de ahì serìa un acto desastroso para que El volviera a confiar en mi.
Habìa tenues colores rosas, morados, lilas y un movimiento de viento tan suave que era imperceptible de no ser porque mis cabellos lo denotaban a momentos.
Ahì apareciò de repente la mujer... su mujer... su compañìa...
Brillaba con tonos azules, no lucìa angelical, muy terrenal con ojos profundos donde sòlo se miraba un arcoiris dibujado.
Lo saludò, lo abrazò y el sonriò. Se dirigiò a mi con una sola mirada para volverse a El.
No entendìa su lenguaje, pero sus expresiones eran totalmente enamoradas....
Hablaba yo, caminaba hacia ella y nada de poder tocarla...
¿quien era esa mujer? 
¿porquè y donde la conociò?
¿Es cierto que lo hace felìz?
Su rostro sòlo era para Èl, sus caricias y besos sencillamente se perseguìan por todo su rostro...
Y yo congelada, sin moverme, sin terror...
Sabìa que bailaban una danza prohibida donde El tenìa una felicidad completa en pocos tiempos.
¿còmo es que aparece y se va asì de la nada?
....
Una señal y el lloraba...
Otra señal y èl rogaba: No te vayas, otro rato!, Otro màs!
Y yo quieta... 
Un movimiento de ojos hacia èl, hacia la puerta y volver a verles y No habìa màs de esa mujer.
Todo volvìa a ser claro, con los grises de una clìnica.
Y El... Lloraba.
Me invadìa su tristeza pero tambièn me invadìa ahora la razòn.


Aquel Muchacho amaba a la muerte.
Y ella, a sorbos, venìa y le quitaba la vida a cada invocaciòn suya...
Y yo, a sabiendas de ello... ¿què consuelo podrìa darle?

3 comentarios:

fgiucich dijo...

El complejo mundo de la mente humana. Felicitaciones por el cambio de imagen. Abrazos.

Edgar Khonde dijo...

Él lleva acento :)

Anónimo dijo...

Confortar al enfermo,entenderlo,dedicarle tiempo,gracias por tu generosidad,gracias por mostrar el Camino ,le pido a Adios the cuide