25 noviembre 2008

Una noticia de novela

La notica llegó a mi de manera tradicional. Que un Chino no quiere regresar a su país, que lo han visto comer y dormir ahí, que no molesta a nadie, que tiene boleto de regreso y no lo piensa usar...

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Era la tarde de noviembre en la plaza llena de luces, mafia, tecnología y venta de celulares a precios locos; Wan esperaba atento del otro lado del aparador, entre muchas ofertas y aparatos que no llegarían al otro lado del continente sino hasta año y medio después. Tenía nervio, tenía ansia, había dado sus jornadas de trabajo enteras y mucha venta de alimentos especiales para juntar una pequeñisima cantidad de dinero que, para él, sería una fortuna. Fortuna que dedicaba a quien llenaba su corazón...

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La Srita Lee no tenía empacho en atender a todo mundo como mejor creía merecerlo, siempre sonriente, siempre amable, siempre cordial. Presta a satisfacer las exigencias de quien llega en otro carácter. El tiempo volaba y ni siquiera se inmutaba en observar el tiempo que ya pasaba de la hora del cierre.
No importaba si sabía que la venta era un hecho. Toda comisión le generaba intereses en el deseo de juntar dinero y poder derrocharlo después sin que se preocupara por guardar un poco.

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Ambos se miraron, ya sabían que era parte de su rutina, el tiempo se lo comió el último cliente, y él paciente, simplemente le acarió el lacio cabello en señal de entendimiento del otro lado del aparador, fué necesario que se presentara para hacerle cortar su entusiasta rutina... Ya estaban casados ¡qué mas daba mirarla con entusiasmo al final de la jornada!... Pronto sus sueños podrían revivirse en más amor, en más ilusión y en más alivio yendo de luna de miel a las conocidas playas de México. Lugar que ahora cobraba vida para ellos.


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Cerraría el negocio y sólo faltaria un día más para entregar al dueño la responsabilidad de algunos años trabajados para él...


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Nadie se dió cuenta, ni siquiera el hombre que vigilaba los estacionamientos... Un tipo rudo, de cabellos manga, una fulana llena de veneno y otro con un cuchillo... Pensaban presa fácil a la pareja y amordazaron al joven Wan, Lee resistía y en el forcejeo ganó una puñalada... una sola y bien certera donde le quitaría la vida en plena calle.


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"Te espero en el paraiso..."


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Y fue todo lo que escucho Wan---


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El paraíso lo quiso buscar en México... le faltaba fuerza para llegar a alguna playa... Sólo donas, sólo comida rápida, sin palabras, mudo y sentado en aquel lugar miraba para sus adentros... ¿acaso se postraba en el aeropuerto esperando que llegara su amada en algúna ligera presencia de milagros mexicanos?

10 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

Si leí esa noticia de por si es un Japones que ha decidido vivir en el aeropuerto...

saludos interesante la noticia...

un abrazo

Joel dijo...

Interesante...

Saludos Dra... me has mantenido en ascuas con tu MEME, y por cierto, respondi tu pregunta al post que hice en relación al tuyo de "los toqueteos cuestan"

Un abrazo

FENIX dijo...

Genial !
escribir un post sobre una escena tan pequeña...

saludos.

Adolfo Payés dijo...

Saludos por aquí visitándote pues al dirección mía tenia un error así te dejo la correcta..

saludos...

http://apayess.blogspot.com/

Piel dijo...

Comaaa!!!!

Me has dejado con lagriams en los ojossss!!!

La vida nos da sorpresasss!!

Abrazote!!

ShAdOw dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ShAdOw dijo...

Hijole, yo no le presté mayor atención a ese hecho, aunque no es algo normal en el df se da cada cosa...

Me dejó sin habla :o(

Mariana dijo...

Excelente post, supiste plasmar el hecho de una manera muy sensible.

Besos

fgiucich dijo...

Sabía de la noticia, pero no lo que venía atrás de ella: esas historias terribles que cambian el sentido de la vida en un instante. Abrazos.

george dijo...

¡que triste historia de amor, que mal pueden salir los planes, que terrible puede golpear la mala suerte si te toca a ti la criminalidad!!!
ahora hay un corazón herido pero contento con los pensamientos que le acerca a su amada muerta, está más contento que alguien que nunca podía amar...
¿quien podrá rescatarle?

un abrazo Dra Kleine