10 febrero 2009

Espejo

El espejo presenciaba la escencia de sus ganas; con la habitación solitaria y un jazz apasible comenzaba la neblina ofuscante de su deseo.
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Caricias en sus piernas, automotivante, autoerotizante, paso a paso, enseñando las capacidades de su cuerpo, daba poses que mostraran lo mejor de su piel y sensaciones.
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Y el espejo miraba.
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En la cama hay un vestido, ese que tiene los tonos que abren los sentidos a mil, unas medias delicadamente puestas de forma que coordinaran los accesorios que, cercanos a la almohada, dieran el toque final al atuendo femenino.
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Un cuerpo bañado, sale ahora, mostrando una toalla abierta, húmeda y quizá caliente.
Hay vellos en las piernas, la cintura es poco afinada y sin embargo la tela sube paso a paso frente al reflejo mostrando que se oculta una piel que no será más masculina.
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Y el espejo miraba.
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Medias ajustadas, piernas estilizadas, unos pechos fugaces se colocan en el contorno y ahora lucen propios, erectos, femeninos sobre un corazón masculino.
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Baja seductor un vestido posandose en la cintura, dejando caer delicados olanes en breve movimiento.
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Y el espejo miraba.
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Hay escotes, hay gemidos, hay caricias mostrando una pose sexual que excite de manera natural... y el espacio terminal de la espalda queda transformado en una delicada caida de montañas exquisitas.
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Se mira a los ojos, se mira hacia adentro. Ahora sí sabe que la magia vuelve a su vida. Que puede ser lo que tanto desea en sus adentros: femeneidad seductora en el sueño de un varón.
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Y el espejo miraba.
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Tacones, perfume, cabello hermoso y artificial deforman a la bestia reprimida y mancilla sus modales. Ya no es más aquel que da órdenes, aquel que toma decisiones, aquel que viste una corbata por estímulo social.
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Mira sus labios, decora sus ojos. Juega y se divierte con sonrisas traviesas, coquetas, conquistables. Baila, vocaliza, juega, llega al climax.
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Hay tiempos que parecen gotas de agua entre las manos... y tras el éxtasis de su secreto derrama una lágrima para recordar el instante.
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Vuelve al baño. Quita el olor a pecado, cierra en un cofre todo lo acontecido, cierra el acto mirando un rolex, ahora en su muñeca. Coge la llave y cierra la puerta sin mirar atrás.
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Y el espejo miraba.

7 comentarios:

fgiucich dijo...

Un espejo bien aguantador, no te parece? Abrazos.

AndreaLP dijo...

¿Y cuantos espejos no miraran ésas situaciones y serán mudos testigos de los anhelos de muchos?

Saludos, Dra.

ShAdOw dijo...

Unos amigos me han dicho... la infidelidad con agua se borra, no se que tan cierto sea eso, pero a ellos les funciona.

Besos

Aule dijo...

Eso de tener que salir y no ser quien se es, debe ser de lo más triste.
Un abrazo!

FENIX dijo...

Quizá lo que el espejo no vió fué una lágrima recorriendo la mejilla de ella...

un saludo.

george dijo...

Unas palabras exquisitas que pintan y explican todo mucho mejor que se puede poner en una foto...
¿quien representa el espejo que tiene la suerte estar allí como mudo testigo?
¿sera la realización de un sueño que todos quieren hacer para no pueden involucrarse personal-mente?

un beso

Doris dijo...

Aun hay muchas personas asi, desgracidamente la cultura e ideosincracia en la que se nos educa no permite aceptar a ... o aceptarnos como somos realmente.