16 diciembre 2010

Silencio obsesivo

Al paso de tu silencio me obsesiona meterme en tu pensamiento... ¿què diablos tienes ahì dentro?
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Ella era mi intensiòn, por completo. 
Me tenìa prendada por encima de las demàs amigas que solìamos tener. Jamàs se relacionaba con nadie excepto que ella misma lo permitiera. 
Y la observaba con toda atenciòn para aprender sus debilidades o lo que fuera convincente para llegar a ella de la manera menos pre-fabricada posible.
Por demàs me tenìa encantada y su misterio enfrascaba mis ideas del còmo serìa si...
Imaginaba sus respuestas, incluso hasta su voz como sonara por cel.
Tan callada en horas de escuela me impacientaba, me exasperaba y dejaba un vejo de enojo en mi sin lograr en ella la mìnima expresiòn del sentir...
Y ocurriò que un dìa, sin proponermelo, sucediò un accidente donde su voz fue tan directa que no pude màs allà que ser gentil.
Y asi comenzamos a salir... Me indagaba su mirada detràs de sus palabras: ¿¡Què diablos sentìa por mi?!
Jamàs conocì un amigo cercano, siquiera por provocarme unos celos innatos.
Lo cruel del asunto fue que en su orgasmo las palabras con mi nombre se escuchaban tan sinceras que la ciega era yo... Y me enamorè. 
No podìa negarlo: Enamorada de la forma màs imbècil me ceguè, me perdì, me obsesionè.
La perseguìa a escondidas, buscando un algo, un motivo, una rabieta provocada.
¿Què buscaba yo si ya la amaba?, 
                               ¿Què querìa si tenìa su mirada, su cuerpo y hasta sus besos a cada instante que se los exigìa?
                                                            Tenerla en mi piel, rozarla en su dureza de pezones era mi perdiciòn. 
                                          Imploraba en mi fantasìa que sòlo me amara a mì... porque ni yo misma sabìa si me pertenecìa.

ESO!, ESO LO PROVOCÔ!!

La rabia de no saber ni conocer un corazòn callado me hizo asfixiarla, tomar su cuello blanco, hermoso, suave, delicado entre mis manos nerviosas, temblorosas y crudas hizo que demandara un grito salido de mi demonio interior:
¡Quien te crees que eres para no decir a quien amas!
Ni en esos instantes de muerte, de espacio entre el bien y el mal, lograron sacarla de lo que todos llamaban una virtud desconocida en muchos...
Sòlo su mirada se dirigiò lentamente al cielo y ahi se quedò... callada... ¡la muy maldita!
Hoy me obsesiona, y entre mis lineas la extraño y entre mis tetas la imploro. 
Jamàs volverà ni su silencio ni su ser mientras me pudro en la obsesiòn de tenerla aùn abrazada a mì.

1 comentario:

fgiucich dijo...

El amor, ese inconmensurable sentimiento que enloquece a muchos, puede llegar a ser mortal. Excelente texto. Abrazos.