02 abril 2007

La vieja

Después de un fin de semana ajetreado mucho me ha costado abrir mis ojos. Más aún el hecho de estirar el brazo para callar al cruel despertador. Ahí es cuando me prometo siempre dormir mucho más temprano y no tener que sufrir el desapego a mi cama consentida.
La mañana ya es de Abril y aún con los destellos de primavera que el clima dice tener me asomo y quedo sorprendida ante la lluvia tremenda que baja por las paredes de las casas, la escucho en el techo y es cuando más quiero no saber del frío y de las calles mojadas.
El barrendero de la colonia, con capas de plástico, ejerce rápidamente su profesión. No se detiene ante nada que le pueda impedir dejar limpias las calles. A lo lejos, también escucho autos andar, de ambulancias, de taxis, de micros.
La ciudad despierta poco a poco.
En el camino al trabajo me he topado nuevamente a la señora de los dulces. Pocas veces coincido con ella, pero esas ocasiones he conocido su rutina que ejerce siempre que tiene que pararse temprano. Lleva su carrito, cargado de mercancía. Son dulces, chocolates, bombones y paletas. Las vende muy temprano a los chicos de la escuela. Carga toda una serie de bolsas y aún puede con su alma.
Y justo en el colegio coloca su puesto, muy coqueto, despacito y con tiempo. Primero los plásticos, luego los precios, después las cajitas y los jugos como venta extra.
Cada vez que la encuentro, regala un dulce a quien le ayuda a cargar su carrito, por eso supe que vendía dulces. Alguna vez me tocó.
Ahora si hay tiempo, le pido una bolsa de chocolatitos, de esos que vienen rellenos de rompope.
Ya me platica que hoy es el último día de labor. Los chicos salen de vacaciones y su venta baja totalmente, así que a partir de mañana, hará cosas en casa que no tengan que ver con su salida mañanera ni con pregones de cosas baratas.
Vive sola la vieja, pero se le nota felíz. Autosuficiente y con un canario en su patio, siempre canta cada vez que regresa por las noches, después de haber vendido lo justo.
Me platicaba de su hijo casado, que vive en Estados Unidos. Sabe de sus nietos y de su nuera por fotos que alguna vez le mandan. Dice que prefiere que su hijo viva lejos, porque tiene un genio que no ayuda mucho a la convivencia con ella.
Se entretiene en los bailes de salón. Ayuda en el Dif a las demás señoras de la tercera edad. Y en mi colonia, cada vez que hay fiestas, vende dulces y cuenta alguno que otro verso de "Suave Patria".
Hoy que iba yo cargada de sueño, me ha ayudado platicar con ella. Me ha contagiado su dulce amanecer y, si todo sale bien, espero que yo pueda ofrecer algún caramelito de buenos días a los que se contagien con una sonrisa.
Espero que cuando vuelva por la noche, me toque escuchar algo de su canto, junto a su canario, para que me dé un sonido alegre de buena noche bajo las estrellas que se asomarán después de la lluvia del atardecer.

6 comentarios:

Enigma dijo...

Y como ella Dra, cientos de personas tienen una historia que contar.

Un beso Dra

El Enigma
Nox atra cava circumvolat umbra

AndreaLP dijo...

Cada personaje de ciudad, pueblo, ranchería o en medio de la nada siempre tiene su historia personal y su anecdotario.

Me imaginé a la señora en su puesto y en las tardes cuidando a su canario, gracias por la historia.

Anónimo dijo...

Esas historias a través de tu voz son como poder escuchar cantos y comer dulces en este incipiente otoño lleno de lluvias por aquí...

Gracias

Buena semana Kleine

Anónimo dijo...

Entrañable y tierna tu historia. La vida está llena de edste tipo de personajes que, desde su cotidianeidad, te alegran la vida cada día.
Besos.

Vero dijo...

Es increíble como nuestras ciudades se parecen, a pesar de los kilometros que nos separan, me pareciera que hablaras de un compatriota peruano... los mismos personajes con los que me cruzo en mi diario andar...
Me encanta como narras tus historias, no me cansaré de decirtelo.
Saluditos :)

Anónimo dijo...

Me encantan sus historias Doctora. Un besito desde Madrid.