18 septiembre 2007

Tiempos de espera

Marcaban ya pasadas las doce del mediodía, ella se mostraba ansiosa, equilibrada, segura de sí. Ansiaba ver entre la multitud de las puertas del metro la cara conocida, la cara que le diera ése sentir, la cara que estaba esperando desde hacía ya quince minutos.
Trenes van y trenes vienen, gente caminando, apresurada, curiosa o metida en sus propios pensamientos.
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Tal vez llegó muy apresurada, muy puntual, muy insistente, se repetía a sí misma cada segundo que pasaba, guardando la compostura a manera de sobresalto; evitaba que se dieran cuenta todos los que ni siquiera le miraban de reojo.
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Su aspecto no era casual pero ciertamente llamaba la atención la negrura de su cabello, lacio, pesado, envidiable, labios negros, brillosos, sobresalientes de sus dientes mal acomodados que daban la sensación de que nunca fueron atendidos… Pero era lo menos importante.
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Todo lo demás lucía en su lugar, capa negra de terciopelo y botas pesadas que demostraban más su aire de lejanía o distancia entre aquel que osara ponerle una mano encima.
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Son de esos aires que causan mirar su estilo y al mismo tiempo admirar la osadía de romper los esquemas sociales que tanto tenemos tatuados en la frente.
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¿Quién osaría vestir al estilo de otros mundos cuando lo tradicional está de moda?
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Cada quien estaba a su labor, entrando y saliendo de las rutas, escuchando el clásico sonido del timbre para anunciar que se cerrarían de un instante a otro, sin importar que alguien hubiera quedado con medio cuerpo de fuera.
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Gente de todos las tallas, de muchas medidas, de largo, de ancho, con o sin humor, perdiendo miradas, quizá pensamientos o tal vez esperanzas.
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Algunos luciendo bellos, otras espectaculares aunque la realidad era que la masa de personas entrantes y salientes, dados los minutos, llegaran a perderse en un cuerpo sin forma, en una prisa contagiosa.
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Así era mi prisa, viendo de lado a lado fue como la percibí, perdida en la ansiedad de quien ya no soporta saber qué sigue después.
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Así de igual era mi angustia. De lado a lado, de frente a cara, de reloj al tiempo que yo suponía que llegaría quien me hacía latir el corazón.
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Mas dicen que nunca llega puntual el amor, que se toma su tiempo, que se da sus momentos de importancia, que hace que uno pierda estribos de tanto llamarle cuando más le queremos, más le imploramos que no nos deje solos entre la inmensidad de almas…
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El mío llegó treinta minutos después…
El de ella no lo supe más porque cuando finalmente mi cara conocida apareció ella seguía mirando de entre todos si algo negro y diferente aparecía por ahí.

15 comentarios:

Dra. Kleine dijo...

Las comas y los puntos aparte están enojados conmigo... buahhh. Una disculpa por ello.

Yanett dijo...

Yo creo que el amor te llega cuando menos lo esperas, pero ya teniendolo por favor!!! no se vale ser impuntual!!!
(lo tenia que decir querida Klein me irrita la gente impuntual!!)
Saluditos....

Kix dijo...

Ah, pero qué gran aventura, el subirse al metro!! Y ver tanta gente entrar y salir! Es como imposible aburrirse al ver tantas caras, tantas historias!

Manuel dijo...

Me emboba ver la gente en el metro

http://manuelortegaromero.blogspot.com/

AndreaLP dijo...

Siempre al entrar en ése submundo que es el metro miras las caras de la gente y al tiempo imaginas toda clase de historias.

¿Estaría la chica de negro esperando a alguien especial o simplemente viendo al mundo pasar?

Saludos.

NOSTROMO dijo...

Dra. soy fan de su blog desde hace algunos meses, ya que su manera de escribir es sensacional.
¿Quien no ha tenido una experiencia como la que relata? En el metro convergen diariamente miles de almas, cada una con su propia historia y circunstancias. Todos viajando juntos, aunque no revueltos, diria yo.
Felicidades Dra. como siempre me gusto mucho su historia.

Liz dijo...

ayyyy si, a veces se tarda y se tarda y uno esperando en el andén.... y otras veces te toca el hombro y te dice 'ya estoy aqui'
Que besho es el amor!

Dra. Kleine dijo...

Nostromo, un placer y bienvenido!! Gracias por tus amables comentarios.

Gabriela dijo...

Sí, a veces el amor y otras cosas llegan a aparente destiempo, pero creo que de acuerdo al balance de la vida llegan cuando tienen que llegar.

Un beso, doctorcita.

FENIX dijo...

Doctora, creo que soy vouyerista, en algunas ocasiones me he quedado unos largos momentos, viendo, que sucede con esas personas que esperan bajo el reloj, cuantas historias de amor y desamor gardaran en sus mentes ?

un saludo de media semana.

Abejilla dijo...

Ayyy esas esperas debajo del reloj, en un andén testigo los besos y caricias subterráneas...

yole dijo...

La espera nos acerca siempre...
Besos esperanzados.

rotenTODES dijo...

dicen que: "unos siempre llega cuando lo estan esperando..."

quiero pensar que el amor sabe cuando llegar...

confio en eso ...

buen blog, buenas ideas...

Mentacalida dijo...

En ese mundo de minutos,donde convergen tantas vidas y sus historias,las miradas silenciosas que nos golpean en la cara... y seguimos por que la vida pasa y a veces no vemos que el amor nos hace un guiño y asi sucesivamente...

Un abrazo.

Menta

Anónimo dijo...

me gusta como escribes, que bien, te felicito, el amor es inesperado, es desesperante esperarlo y es desolador no hacerlo, es aliviante tenerlo, es torturante perderlo, la fe es nuestro aliciente y la esperanza nuestra realidad

Gustavo Rojas G, Bogota. Colombia.