20 abril 2006

Una mirada real

Era la primera vez que habría algo emocionante en su rutinaria vida de Ricardito. Siempre en aquel cuarto, siempre mirando imágenes en un televisor que no daba más allá de tres canales que lo más alto de la azotea podía sintonizar. Así, en blanco y negro conocía estrellas del espectáculo y alguna que otra cosa novedosa que en realidad le dejara por las noches mucha tarea por soñar, por salir, por volar y cruzar la ventana pensando que podría haber más colores que sólo el blanco y el negro.
Había visto el mar en la tele, en algunos dibujos de la escuela, lo creía algo así como si no existiera en la realidad, pensaba que las caricaturas y el mar eran algo que surgió de no sé donde que podía tocarse en otro mundo, menos en su realidad. Mañana sabría cómo es y a qué huele el mar.
Por la noche sólo atinaba a querer tener la suerte de encontrar una sirena, o tal vez meterse hasta el fondo del mar y descubrir cuántos colores podía contar. Temía pensar en un tiburón para que no quedara en el subconsciente y se entrometiera en el sueño anhelante. Ya en una maleta había un calzoncito que serviría de bañador y una llanta flotante, misma que nunca ha usado porque siempre le han dicho que si se pica se le sale el aire.
En la madrugada del día siguiente habría la consigna de pararse temprano, sin chistar, tomar unas cosas pesadas y viajar. Todo lo obedeció mucho antes de que partieran.
Y despertó y apresuró todo y llegó hasta donde se podía comprar el permiso para viajar. Miró a la gente, miró muchas maletas, pensó que todos querían ir al mismo lugar que él, pues en la central todos hacían cola para irse en el mismo autobús, la cosa le preocupaba ¡no le dejarían lugar suficiente para echarse un clavado!... si todos estarán tan amontonados como aquí, los caracoles y las estrellas de mar huirían lejos para no ser lastimados.
Y Ricardito esperaba, miraba las caras de todos los que ahí parecían desesperados, los imaginaba también flotando en el mar, caminando en la arena, quizá alguien le pediría su llanta para nadar y él se negaría.
Se sentó junto a la ventana, sin hambre y curioso por el mundo que estaba atravesando, ansiaba que la carretera tuviera alas, ansiaba que no se acabara el día para llegar a tiempo, miraba el cielo como queriendo pedir por un milagro y llegar cerca del mar, y a cada horizonte que se podía mirar, trataba de ver en qué momento su ya amigo, el mar, hiciera una grandiosa aparición.
El sueño le venció porque todo lucía aún oscuro.
Un ruido envolvente cuando su frente sudaba fue lo que lo despertó.
Era hora de caminar.
Preguntó si ya habían llegado, preguntó hacia donde se encontraba el mar, preguntó, preguntó y preguntó...
Llegaron a un lugar donde todos despojarían tanta ropa, tanto trapo y adoptarían formas en viva piel sin pinturas, gorras ni calcetines.
Ricardito siguió a la muchedumbre de su familia y... tras la caminata de unas cuantas cuadras oyó un ruido que lo pasmó, que lo paró en seco, que dejó asomar sus ojos tan grandes como los hubiera podido abrir de sorpresa... aún no lo veía y sabía que era el oleaje. Un saludo que otorgaba al recién llegado.
La brisa le llegaba, sentía su cara húmeda...que nueva sensación.
Frente a él, sin presentación alguna, vió el mar; tan inmenso y majestuoso, tan señor y tan solemne, tan divertido y tan profundo que sólo atinó a callar por un momento.
¡La televisión miente y omite el cosquilleo y quemazón que produce la arena, la escuela jamás dice del ruido que produce el choque de las olas contra los riscos ida y vuelta!

Nuevamente en la central, de vuelta al mundo rutinario, de vuelta a su vida de ciudad Ricardito sólo procuraba guardar, ensimismado en el asiento del autobús, el sabor a sal, el olor a pescado, el color del cielo y lo mucho que le divirtió haber conocido al Señor mar unos días de vacaciones.

9 comentarios:

Angeek dijo...

Y aún cuando lo veas a diario, tiene un embrujo un no se qué...

Cinéfilobo dijo...

***
Inspirador!!!

Cuando se mayor, mi retiro lo quiero junto al mar. Por favor.

Anónimo dijo...

Siempre es especial la manera en que un niño ve las cosas, sobretodo cosas que nunca antes habia visto y soñaba conocer.
Lindo relato.

rossmar dijo...

la primera vez que yo vi el mar fue impactante.

bonito relato dra, como siempre un placer.

george dijo...

Liebe Kleine,
Vengo de un pais en el centro de Europa, no tiene mar. La primera vez vivir el mar es una experiencia fantastica, todavia hoy me fazcina, puedo observarlo horas.
Me encantó tu relato de ricardito.

un abrazo

Enigma dijo...

Recuerdo cuando vi el mar por primera vez, la verdad es que dije "Dios existe".

Un beso Dra.

El Enigma
Nox atra cava circumvolat umbra

Anónimo dijo...

Que historia tan tierna y hermosa!!

ignacio dijo...

la maravilla del mundo de un niño.

RAYDIGON dijo...

El mar, yo terminare en el, lo amo...

Besos G.