14 septiembre 2005

El Gorrión

Hubo alguna vez, por el callejón de mi barrio, un gorrioncillo pardo, cuyo color alegre en todo su cuerpo era esa mancha roja en una parte pequeña de su pecho y cresta.
Todos los días, presto y aplicado salía de aquel hueco que tenía una teja, en el techo de mi casa; casita afortunada en la que le protegía del tiempo inclemente que a momentos ocurría.
Puntual en la fuente, por las mañanas, daba picotazos al agua cristalina, leves saltitos para salpicar las plumitas, una...dos...tres aleteadas y ya estaba listo su baño matutino. Una vez limpio volaba con cuidado a la tienda de Don Rafa, español exiliado que, con el tiempo, logro su amor por mi país, vendiendo semillas, pan, abarrotes y vino hecho por él mismo; una que otra vez alborotaba a las palomas que, a hurtadillas, se colaban al semillero, ahí se colaba también el gorrión, desayunando a brinquitos saboreando por aquí, saboreando por allá. En las tardes, Don Rafa solía alimentar a toda la tribu de avechuchos que pasearan por ahí, pero ¡ay de aquel día que no amaneciera de humor! porque simplemente las espantaba del lugar.
¡Se aproxima la primavera! ya son tiempos de canto y sol. Llenando el buche de su pequeño cuerpecín ahora el pequeño procedía al momento del despulgue ¿quién aguantaría semejante comezón en todo el día?. Una vez realizada la faena del día era el momento gozoso de inventar una canción, de silbarle al sol, de contarle a la vida con tonos alegres y entrecortados cuánto podía el desgarrar su gaznate para que se oyera por todo el barrio.
Desde los caminos que recorría del parque a la fuente disfrutaba mirar el paso de la gente, de otros vecinos, del sonido del agua y de aquella ventana...Esa ventana con macetas alrededor le quitó súbitamente su canto para mirar...calladito, qué era lo que llegaba de repente y desaparecía: ¡Una golondrina! Oh bella la plumífera, pechito fino y plumaje bien cuidado, iba y venía de la ventana al jardín.
Lo había dejado mudo, quietecillo. ¿Porqué no había visto eso antes?.
Y gorgoreó más para ser escuchado y aleteaba más para ser observado, varias pajaritas le miraron y se iban acercando curiosas, se esponjaba para aparentar un buen porte, al colmo de parecer cada vez más gracioso. ¡Había descubierto que también se le canta al amor!
-Sí, pero qué ridículo se pone uno- decía yo desde la ventana.
Ahora entendía porque muchos cantaban enmielados, la naturaleza le brotaba en su instinto de pareja pero...
La golondrina no se inmutaba, sólo se concentraba en traer y llevar, llevar y traer, así que una vez envalentonado interceptó su trabajo y platicaron.
Supo que era viajera, que sus padres y abuelos le heredaron ese lugar, que todos los días de primavera la vería trabajar arduamente y acordaron que cuando ella descansara ambos en alguna rama charlarían un poco.
El loco se enamoró. Tras las seis de la tarde se despedía cantando y aguardaba al día siguiente para mirar su labor. Llevaba semillas y pan donde ella para que descansara y comiera. Su amor lo calló pero era profundo, su amor lo convirtió en canto, de amor, de ilusión, de respeto. Sabía que su estancia duraría lo que dura la primavera, sabía de una advertencia, de un vuelo hacia otro lugar, que quizá ella encontraría un amor y si el tiempo lo disponía ese nido que ahora construía se formaría de hijos y así seguiría su ciclo.
El pequeño Gorrión jamás había volado más allá de mi barrio, de las fuentes, de las azoteas y parques. Deseaba seguirla hasta el confín del mundo por las pláticas que ella le narraba sobre los cielos y peligros que algunas veces pasaba. En algunas tardes el gorrión sufría por no ser igual que ella, por temer que volviera a la siguiente primavera acompañada y cargada...
El tiempo pasó, la despedida se llegó como llegaron los siguientes meses, un verano, un otoño. Y de vez en vez le descubrí posado en mi ventana queriendo imaginar que ella llegaba a él. Al pasar varios inviernos me olvidé de mirar a la ventana. Una primavera, a lo lejos, escuché al mismo gorrión de aquellos tiempos, al lado de una pajarita coqueta y rechoncha, gorriona también, con quien jugueteaba en la rama donde siempre se posaba desde que le conocí. A unos metros un nido: tres huevitos chiquitos y blancos, llenos de amor.

El nido de mi ventana jamás se ocupó, la golondrina viajera jamás regresó, no sé que hubiera pasado por la mente de aquel gorrión, pero mucho me alegró verlo feliz, contento, aunque de vez en cuando, por alguna tarde, suspendiera mi lectura al mirarlo ahí, sobre mi ventana, quizá mirando que esa ausencia, a pesar de todo, jamás será llenada por el amor que aprendió a respetar.

20 comentarios:

Mario Aguilar dijo...

Que bonito y nostálgico relato...que me transporta a esos amores de juventud. Que hubiera pasado si?...Such is life! Saludos.

stultorum dijo...

Amores van y amores vienen, hasta que encuentras a Mr. o Miss. one.

Los amores de vacaciones.

El Enigma dijo...

Entre pajaros te veas... ciertamente es siempre triste el recordar esos "quiza" que jamas "fueron", pero que nutren el alma...

En fin, bucolico pero enterneceddor relato, un beso Dra.

El Enigma
Nox atra cava circumvolat umbra

ShAdOw dijo...

Hermoso relato que hacen de leerlo tener un buen sabor de boca.

Buen dia mi querida Klein.

Kalvuch dijo...

bello y sutil lo leí de un tirón

saludos

noemi dijo...

Este texto habla de lo buena observadora que eres de la naturaleza :)
Habla también de tu sensibilidad y capacidad de empatía.
Un abrazo

Chin@ Rockers dijo...

que hermoso.... bueno amiga nos vemos el lunes primeramente Dios ya que la mayoria andaran desconectados de este mundo del internet y una de ellas soy yo :)

divierte mucho y
!!! VIVA MEXICO ¡¡¡

CUIDATE CHAO

Chica Yeye dijo...

ayyy ke bonitooooo ese es amor del bueno :D

saludos

Aletz dijo...

qué tierno!!!!y eso que no lo leí,jajajajaja......disfruta tu puente y consiéntete mucho...un beso

Egosum dijo...

También tengo asociados esos pajarillos a épocas pasadas y a sentimientos profundos, cautivos ahora del tiempo. Por aquí ya no se ven. Slds.

aquel Eric dijo...

Dejo besos de piquito.

C.Bryant dijo...

Que se puede decir ante magnífico relato,solamente que me gustaría tener una ,solo una pequeña parte de ese don para decir las cosas.

Miss Vezo dijo...

- - -

aii me uno a Eric, tan guapo y sutil en sus modos y respiros..

Mi querida, aquel gorrion me ha hecho suspirar..

- - -
Un abrazote.

Bruno Diaz dijo...

como diria Joaquin Pardave: "eso es amor y lo demás es tutti frutti" mi querida G, estamos actualizándonos un beso

Raziel dijo...

hola, pasando a conocer :D, ante ello sólo puedo decir: yo soy un gorrioncillo :P joJOjo

Saludos

RAYDIGON dijo...

Que bonito !!!!
El amor, es el amor...

Ni 4, ni 5 poder, los faranduleros usan al 4 poder, si ayudan, se vale, pero su promocion no...

me gustaria leer tu post de la licuadora, ¿se podra?

Beso

Dra. Kleine dijo...

Raydigón, chico, el de la licuadora es de Noemí Guzik. Corre, corre, ayer lo publicó.

Rider dijo...

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Rider

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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