
Al ser joven uno quiere comerse el mundo a mordidas y mis intentos fallidos de salir de aquella villa no se habÃan podido concretar tan sólo por la cuestión de estudios. Amaba las ciencias exactas y entre el colegio y mis amigos todo era común hasta el dÃa que yo conocà a una linda chica, venida del norte del paÃs. Con un acento tÃpico de allá podÃa encontrar que hasta su cabello rizado y rubio tenÃa ese toque que el mar tiene cuando está en calma.
Creo que me enamoré, como muchos de mis compañeros y la competencia se volvió empedernida mientras mi corazón se rompÃa en mil pedazos al ser rechazado en el intento.
Caà en esas depresiones en las que solamente tu soledad te ayuda y me refugié a orillas de los pequeños riscos que daban a la zona más abandonada de un arrecife.
Ahà descubrà que los atardeceres eran espectaculares y entendà a los vientos cuando soplaban del mar adentro. Juguetear con piedritas se volvÃa himnótico si el mar se hallaba en calma porque podÃa ver claramente cómo los peces, venidos de uno o dos metros de profundidad, merodeaban en búsqueda de comida, como sabiendo que yo les podrÃa proporcionar un festÃn.
Ese ambiente que se tornaba melódico me daba una especie de calma extraña. De vez en vez, mi miraba volteaba en un instante hacia atrás o hacia los mismos lados de los peñascos. Yo me sentÃa observado, pero trataba de no hacer mucho caso.
Mi imaginación volaba tremendamente pensando que algún dÃa, la chica de los cabellos rubios llegarÃa hacia mÃ, se sentarÃa a mi lado y tendrÃamos las charlas más lindas y entusiastas que cualquiera pudiera desear y escuchar, mas no era asÃ, aunque continuaba sintiendo esa sensación de no estar del todo solo.
Una de esas tardes, en las que el corazón tiene tristeza de todo, me fui a refugiar al mismo lugar. No podÃa resistir la presión y lloré, en calma, pausado. Sin temor a que mis lágrimas se mezclaran entre la sal y el burbujeo del mar.
Fué ahà cuando el viento creà que me hablaba, me murmuraba...
Al principio no pude contenerme, gemÃa y secaba mi dolor con el suéter viejo que la abuela me regaló en un cumpleaños, después, limpiaba mis ojos como queriendo vislumbrar de dónde venÃa la musicalidad del sonido, pero era indescifrable...
- no llores... no te lastimes por dentro...-
Eso juraba escuchar cuando volvÃa en llanto y el mar se tornaba quieto... quizá la naturaleza me calmaba o quizá deseaba sentirme abrazado por alguien, pero lo que yo escuchaba era indescriptible. Detuve mi llanto.
En el pequeño estanque que se formaba a mis pies se llenó de momento de unos peces coloridos que nunca, ni en mis mejores clases de biologÃa, habÃa descubierto...
y ahÃ... por rapidez de la vista, chocó mi sorpresa con uno grande, indescriptible, de escamas azules o verdes... movido con rapidez, se ocultó en la gran roca frente a mi. Hubiera jurado que de ahà venÃa la voz.
Opté por retirarme, estaba tan suceptible que hasta los peces hubiera querido que me abrazaran, pero no me agradaba sentir un cuerpo escamoso y contarlo a mis amigos.
Esa noche, por mi ventana abierta, escuché mi nombre:
- ¿has dejado ya de llorar?, has dejado que tus lágrimas compartan tu dolor con el mÃo... desearÃa conocerte.
- ¡patrañas!- me dije, el corazón roto por una muchacha cualquiera sà que hace que uno se vuelva loco.
Me acomodé en la cama y tuve un sueño muy extraño.
continuará...
6 comentarios:
Noy hay como la calma de sentarse a ver el mar y sus olas, y se vuelve mas placentero si le añadimos un atardecer y su puesta de sol.
P.S. me llegó la añoranza con este post.
excelente post Dra. como siempre pero el de ayer debo decir que me ha dejado con un sabor de boca muy triste.
feliz semana Dra.
... el mar y todas sus sensaciones que hacen uno se de cuenta de que vivo esta.
Espero la contonuacion Dra.
Un beso.
El Enigma
Nox atra cava circumvolat umbra
Que bonito relato, espero la continuación!!
¡Amo el mar! Ahà se pierden las lágrimas del ser humano.
El agua es signo de vida pero, también lo puede ser de muerte. Cada quien escoge el sentido de sus lágrimas.
Saludos nostalgicos.
Aristóteles.
Esas ventanas, esos vientos tibios con palabras que te abrazan el corazón, que caray que me he acordado de personitas.
Ojala que si fueses quien espero que es pero me quedo en espera de la continuación.
Un gran saludo Dra.
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