08 diciembre 2005

Manolito

Era enorme el gesto de sorpresa que el chiquillo tenía, los ojos más grandes que pudo abrir jamás al contemplar semejante espectáculo que solamente por los cuentos infantiles se narra.
Ahí estaba, mudo, entre una expresión de espanto y sorpresa que no sabía cómo manifestarla.

Dos meses atrás Manolito nunca imaginó que su vida en aquel internado dejaría de ser algo oscuro y triste para él. Aunque los primeros días de saber que su adopción estaba otorgada le llenaba el estómago la curiosidad y el nervio de saber quienes eran sus futuros padres que lo tomarían quizá por muchos meses y si él se portaba bien, muchos años. No más regaños de la maestra “Colorada� que, cada vez que gritaba para callarlo de sus travesuras en clase todos la miraban porque su aspecto cambiaba a un rojo vivo.
Los cabellitos detrás de las orejas eran el blanco perfecto para llevárselo a jalones al rincón de los castigos y eso por no acabar pronto la tarea que, desafortunadamente, la tenía que trabajar con el brazo que no le ayudaba en mucho.
Era inquieto desde siempre aunque el poder de disciplina, que era imperante en ése lugar donde nadie defendería a ningún chiquillo de algunos maestros crueles, hacía que Manolito fuese callado, reservado con los adultos y soñador para sí mismo.
En algunas noches se le oyó sollozar, creyendo que alguien del cielo lo podría rescatar. Aún no tenía conciencia para distinguir superhéroes pero siempre sabía que algo, una esperanza, alguien, pudiera darle un abrazo consentido haciéndole sentir que no habría más cosas por sufrir.

Manolito era un niño inteligente que el único defecto que le vio su mamá fue que, al nacer, uno de sus bracitos no le creció por completo, su escasa alimentación no le procuró una altura medianamente normal teniendo ligeras protuberancias en la espalda. Quizá ante la pena, ante lo inesperado y ante lo que jamás sabría enfrentar esa mujer decidió abandonarlo a los pocos días de nacido en un barrio pobre, de esos que abundan en las orillas de grandes ciudades; donde los periódicos de manera desordenada siempre vagabundean y cubren esos rincones imperceptibles que, en las noches de frío son perfectos para luchar con la intemperie.

Una pareja lo adoptaría para pedir limosnas a causa de su gran defecto y al paso de 4 años sabía contar dinero y defenderse tan bien como cualquier otro niño de ese lugar donde, el que es torpe, lo ven como un blanco perfecto de burlas e intimidaciones. Manolito era conocido como “el de la alita rota�.

La vida era agria, dura y de luchadores; bastaba un pan con agua para ser recompensado si conseguía más allá de dos pesos diarios. Su meta la lograba al tener 10 grandes pesos. Aunque solamente le durara el gusto por guardarlo en el bolsillo un solo día, pues al reportar su “trabajo� todo le era arrebatado, sin comisiones ni propinas.
Aprendió a quedarse de vez en vez con un “guardadito� por si su estómago latoso le reclamaba alguna vez que el desayuno no había llegado después del medio día.

Al llegar, agotado, por recorrer calles sin rumbo fijo, su distracción era mirar algunos libros rotos, revistas de medio uso. Siempre en el rincón, siempre limosneando no dinero sino amor. Al morir el supuesto padre, en una riña de borrachos, quedó bajo la tutela de su “mamá�, mujer sin escrúpulos que siempre se encargó de recordarle que no era su hijo, sino un abandonado de la sociedad, un defecto para el resto de los niños, una lástima que ella semi-cuidaría cuando tuviera sus tiempos de descanso en la carrera de prostitución que comenzaba a falta de dinero.
Fue ahí cuando los vecinos decidieron que una sociedad de beneficencia se hiciera cargo del chico. Y vivió dos años rutinarios en ese internado que no tenía más alegría que unos recortes en las paredes de los salones. Largas murallas grises simplemente le advertían que con una sola vez que se fugara perdía el pan y la sal de ése lugar.
Se hizo de dos amiguitos simpáticos que le contaban historias tenebrosas, de fantasmas y chismes oscuros que hacían que todas las noches mirara con sus ojitos alrededor de su cama para enterrarse en lo profundo de su sábana sin querer saber más al apagar las luces. Ahí, Pablito, el más pequeño de todos, le mostró lo que nunca en su vida se imaginó
- Los libros tienen cosas que nos cuentan de lugares lejanos- decía señalando el libro viejo. Mi abuela me contaba cosas de ésto que nunca he sabido leer, pero miren, tiene unas fotos muy lindas.
Y Manolito, Pablito y Mario podían contemplar por mucho tiempo lo que ahí miraban, imaginar que podían tocar la imagen y transportarse hasta donde su vida sería lo mejor para ése momento.
Manolito soñaba: La caía de bolitas blancas, suaves, lindas y divertidas que cuando tocaban la piel se desvanecían en ligeras gotitas de agua: La nieve.

10 comentarios:

noemi dijo...

En todos lados hay algun espacio para sentirse bien. Muy lindo, no se de donde te sacas tantas historias.
Te felicito.

Egosum dijo...

Incluso en los lugares más tristes uno encuentra caminos de ilusión, por los sueños y los anhelos. Muy bien, ya estás "en activo". Hasta siempre. Slds.

El Dragón Rojo dijo...

que bonito relato amiga

Saludos

Bruno Diaz dijo...

Mi querida G, no me canso de leer sus historias, sencillamente hermosas, en particular esta, saludos

Aletz dijo...

una vez más; la literatura como un puente hacia mejores horizontes....disfruta tu fin de semana

stultorum dijo...

la imaginación de los niños, la esperanza y buena buena voluntad, caminos para mejorar el mundo.


nice, nice.

El Enigma dijo...

No hay punto mas oscuro que cuando va amanecer...

Deliciosa historia Dra. un beso.

El Enigma
Nox atra cava circumvolat umbra

RAYDIGON dijo...

Padre historia.

¿Todo sale de tu cabezita?

Besos

Lety dijo...

¿Que puedo decirle doctora, si le han dicho todo?
En realidad un relato dolorosamente hermoso, apropiado para la época.
Su estilo impecable y la diversidad que posee, nos hace esperar siempre con interés por el tema que elegirá para nuestro deleite. En este caso, doloroso deleite.
Saludos cariñosos

Dra. Kleine dijo...

Cierto lo que dices Noemí, en todos lados.
Uy nena, un día de estos haré un recuento a manera de cuentito del cómo salen. Así nomás, salgo a la calle y veo gente.

Ego! Claro, dando latita de nuevo heme aquí! Y gusto de verte!

Que bueno que te guste Dragón, a la orden. Y aún sigue eh?

Bruno aún continúa, ya verás!

Alex, ya comenzamos el fin, de una buena vez.


Stult sabes que los niños son algo que siempre da una vibra tenebrosa? como puede ser buena, como puedes salir corriendo pidiendo ayuda!


Cierto Mr. Enigma, muyyy cierto!


Ray todo cuanto he escrito es de ésta cabeza loca. Salvo donde cito a los que les tomo un poco.


Oh Lety, a veces habremos de sacar algo tiernos de nosotros, que nos enseñe a ver la naturaleza de nuestra misma raza. Que no? un abrazo!