12 marzo 2007

Un buen día

De madrugada el cielo es claro, como si comenzara a abrir el día. Un ligero viento frío da la sensación de inicio laboral, con humo que sale de las alcantarillas y de la naríz de cada transeúnte. Hay ladridos de perros, a lo lejos ambulancias, nunca paran, incesantes en su misión de acudir al auxilio.
Las ventanas en edificios reflejan en algunos momentos la luz del televisor, muchos comienzan con noticieros, otros con caricaturas, poco movimiento en las calles.
Conforme avanzan los minutos todo va despertando y el vendedor de tamales ya tiene bien prendido el fuego que da calor a lo que venderá.
Es madrugador, alegre, siempre dando los buenos días a quien le compra y a quien le saluda. De vez en cuando una sonrisa extra nunca viene mal. Y conoce tan bien a su clientela que ya hasta pregunta sobre la salud de los otros, sobre cómo va la chamba de los parientes.
Pocas veces me paro a comprar con él, pero tan sólo de vernos todos los días en los mismos pasillos de las calles que frecuentamos, da para crear un ambiente familiar. Los buenos días se hacen presentes y me desea que el Lunes inicie con muchos bríos.
Es genial contar con gente así. En este sentido, hay muchos mexicanos con ánimos que contagian. Que no miran con mala cara, pese a que tengan ventas buenas o regulares.
Son en sí, los que dan escencia al calor humano, de ése que aún sin conocerte, parece amistoso.
Ya me dice que es un poco tarde y con un despacho rápido de una torta con tamal me pide tenga paciencia para que me venda dos gelatinas y un yogurt.
De todo vende en las mañanas, y a todos concede, además de su venta, un afectuoso deseo de que la mañana se prolongue en buenas condiciones.
Atención al cliente es lo primero, y eso no se le olvida a ninguno de nosotros.
Le hacemos la venta y a cambio nos ofrece una palmada de buena voluntad.
¿Nosotros podríamos hacer lo mismo desde que nos levantamos y tenemos contacto con gente que no conocemos?

2 comentarios:

Enigma dijo...

Asi es en la cotica vida citadina, no solo Mexico, esta megalopolis, sino Tokio, San Francisco, Paris, etc. claro esta que dudo los vendedores de aquellos paises tengan el mismo humor, pero, les brindo el beneficio de la duda.

Un beso Dra

El Enigma
Nox atra cava circumvolat umbra

Anónimo dijo...

En últimas, todos somos pasajeros del mismo tren de la vida. Deberíamos hacernos más amable el viaje.

Besos mi Dra