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¿Cuento contigo también?, ve vestida de blanco y lleva una vela blanca al zócalo de la Ciudad de México.
¿Quièn le teme a la palabra Blog? Dientes filosos no tiene, pero sabe defenderse. Vuela como Dragòn y se alimenta como los girasoles, tierno al encanto de soñar. Su sexo es indistinto pero habla con cualquiera. !!Puerta de Cristal, abre tus mirillas!!
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He mirado desde mi barca las aves que rodean la vuestra, hay buenas nubes que marcan, según las estrellas, otros horizontes.
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Madame C os he encontrado notablemente fuera de un canal que estaba maltrecho y que ahora andáis en otro pero sin mal sentir; enhorabuena y os pido vuestra diligencia para explicad lo que voy a deciros.
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Que toda la buenaventura la leo en momentos, en instantes, en tiempos que no os veía irradiar lo que ahora el nuevo mundo llama Energía.
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Pero que se entienda en el medio que eso que vos ofreced a cada momento os estáis regalando a vosotras mismas, que dais algarabías y emociones internas el sabed que el pasado no anda merodeando por ahí como el sereno que se oculta entre las sombras de la madrugada.
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Me disculpo si las enredaderas de mi mente salpican las letras de malos modos haciendo de esto un jardín descuidado. Recordad ciertamente que en los tiempos que en vuestros ojos habíais algarabía, ésta se generaba por la energía que ocasionabais algún rostro, algún olor, algún pirata descuidado y malvenido en tiempos… ahora Milady será posible que os pueda percibir andando sola y procurando vuestra propia fuerza sin necesidad de mares inmediatos ni asaltos de ladrones que van como los mercaderes de paso.
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Sois una especie de canela que ahora os dais en vuestra propia maceta, nadie os plantó, nadie os regó, nadie os ha mimado y sin embargo os veo creced y os miro grata con serenidad y, por supuesto, os miro valor, como toda esencia cara que llega a valuarse.
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Un grano de a libra.
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Sabed que siempre habréis altibajos con cada clima, mas os predigo que ya los techos fuertes que habéis construido a la distancia para resistiros a lo tormentoso podréis protegeros de cosas extrañas. Habed epístolas que son duras de roer y se vuelven parte de vuestros escudos y torres defensoras.
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No os sorprendáis cuando vosotras mismas, a su tiempo y en la distancia seáis ahora la espada misma que lacera ataduras.
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Os convertiréis en una fortaleza, os volveréis gran lugar.
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Hay castillos que tienen lugares muy deseados por los grandes señores, dejad que haya escaleras al paso para lograr entrar en ellos sin que rompan una copa de cristal en sus adentros.
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No puedo mas que celebrar lo que miro así que mando en estos precisos momentos, sellado con marca de ceda y anillo, éstas letras a vuestra presencia.
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Os ruego considerad las mismas para vuestra fina pluma.
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Tengo mi pluma bailando al igual que lo que pasa en mi mente. Que viaja a velocidades que no podrè pensar jamàs posibles.
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Mirad lo que imagino y observad lo que mi pensamiento ilusorio dirìa de aquello que escucho en los vientos de la mar…de vuestra mar... lo que hay en su playa.
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Sorprendida acudo a imaginarme ante tal cambio intempestivo de clima, mas augurando que después de la tempestad venga la calma, puedo vaticinar que es bueno que caiga fresca agua a los manantiales seductores, que es bueno que se nutran esos campos para evitar estrìas de tierra seca, recordad lo bueno de las aguas que brotan de las deseadas fuentes que se ponen firmes para proveer de mieles las aguas suculentas, dejad que caiga en la piel de la tierra necesitada, ya que quitarà en mucho grietas secas y perdidas.
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Y si en mi sueño ciertamente sucediera la cosa a vuestro favor:
Hoy alabo que se festeje que la tierra ha comido semejante festìn. Permitid que se introduzca hasta en las venas. Pero recordad siempre que las nubes pasajeras son las que mejor riegan el jardìn.
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Que no se trate de mantener atrapada la tormenta, porque sigue el curso de su naturaleza y es imposible atrapadle en un puñado de aguas resbaladizas.
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Solo hay que tomar del pozo lo que ella dejò, lo que a tiempo prestò.
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Es mayor el disfrute si uno se deja mojar por lo fresco de las gotas a beber por siempre el mismo sabor.
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Hoy que vea el cielo azul, milady, que ya logre escuchar los sonidos naturales de la rutina, podrà darse cuenta que el cuerpo no teme de rayos y luces deslumbrantes, que nada de lo que pueda asustar a su corazòn se haya en esa tormenta.
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Hay arenas que pueden guardarse en un puñado guardado cercano al corazòn, pero no dentro. No implica llevarse la playa para recordar el mar.
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Asì pues, os mando con mi caballerango tal oraciòn, para que en ella consuele el ansia de saberse en metamorfosis. Cuidad de las centellas que sòlo son eso por menos de un segundo, mas bien vale la pena mirarles en el cielo para ver lo despejado que estè.
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Espero y os deje sin dudas y que todo ello se pueda obtener de la noche, de la que siempre se vuelve al color de los còmplices acariciantes.
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Suplico mi màs ferviente voto porque asì sea.
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En paz os dejo.
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Era casi inexplicable la quietud que mantenìa al mirar en aquel ventanal… A casi siete pisos de altura, dominaba en su mayorìa la ciudad en perspectiva, tal vez de noche se verìa maravillosa con sus lucecitas en movimiento cual nacimiento navideño.
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Unas nubes escasas, casi desapercibidas y el cielo inmensamente azul daban la perspectiva ideal de cualquier postal. Nadie me lo hubiera creìdo.
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Tras esa habitación el rumor constante, pasos, movimiento, ir y venir de enfermeras y doctores, familiares y seres que esperaban una respuesta positiva a la salud de los suyos. Los sonidos electrònicos de aparatos conectados eran los ùnicos que daban la señal de que habìa vida ahí dentro.
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Yo ya estaba calmada, ya habìa pasado el mar de incertidumbre, la ansiedad de un porquè y la desesperación de no poder hacer màs nada.
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El cuerpo de mi mejor amigo yacìa ahì, quieto, casi inerte, suspendido por una variedad de cables que no sabìa de donde salìan y hacia donde se metìan.
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Sin mayor familia màs que sus libros, su inteligencia diò màs de lo que pudo haber obtenido en toda su vida. Reconocido, felicitado, congratulado en los mejores colegios ahora yacìa acostado, esperando … El final era inminente.
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Mi compañero y amigo sabìa de vinos y quesos. ¡Què ganas de brindar por algo frente a su ya clàsica chimenea y libros antiguos!...
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Un amor pudo haberlo dejado herido, pudo haberle generado dolor, pudo dejarle el recuerdo de una vana cicatriz en el corazòn y tal vez aun asì lo hubiese superado… mas el càncer no es amor y no se lucha de la misma forma.
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Heme aquì, inmóvil desde hace dos semanas, tratando de entender porquè los buenos sufren de èsta forma.
He derramado muchas làgrimas, màs de las que creì sentir por èl. Mi confidente, mi hermano, mi còmplice de tantas fiestas hoy yace en la cama aguardando la hora final.
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Darle la espalda mirando hacia el cielo me da el valor de pedir a los cielos que no sufra, que no llore, que sòlo recuerde los èxitos ganados.
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A la distancia, el cielo me dibuja una forma, una leve luz estelar, se va moviendo, va tomando forma, va al ritmo del sonido cardiovascular que emite la caja elèctrica… no la pierdo de vista.
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Se ha formado un ser alado, es hermoso contrastando con el azul que aùn continùa en lo alto de los cielos. Podría jurar que sonrìe pero doy màs crèdito a mi cansancio. He olvidado los rezos y sòlo atino a mirar sorprendida que se dirige hacia abajo. Su luz me cega totalmente y miro de reojo las telas que de èl cuelgan.
Se ha posado en la ventana y hago mi cuerpo hacia un lado… no habla, sòlo sonrìe, de esas formas en que no sabes si te saldrà alguna palabra.
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A lo lejos distingo estrellas que van cayendo, ¿o àngeles tambièn?... percibo un olor diferente y conciento que se acerque a Martín.
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No hay palabras entre los dos.
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Acaricia su frente, murmura a su oìdo algo, acaricia su pecho un poco y mira hacia mì. Me siento intrusa de lo que miro, no es temor y lo confundirìa con asombro.
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El ser mueve sus alas cubriendo casi en su totalidad el evento entre Martín y èl, se incorpora y lentamente camina hacia la ventana…
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Mi pecho se inunda de làgrimas… lo veo volar tranquilamente… a la distancia distingo que otros màs hacen lo mismo. Me miran y dirijo la vista hacia el cielo inmensamente azul donde se comienzan a confundir de manera extraña.
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Martín ha murmurado…
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Me sorprendo y voy hacia èl…
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Martín, ¡Martín…!